Si tienes esclerosis múltiple, es muy probable que en algún momento te pidan una resonancia magnética. Aunque pueda sonar complicado, es una prueba sencilla, que no duele y que da información muy valiosa sobre tu salud.
La resonancia magnética utiliza un potente imán y ondas de radio para obtener imágenes detalladas del cerebro. No utiliza radiación, es segura y no invasiva.
Porque en la esclerosis múltiple pueden aparecer pequeñas lesiones en el cerebro o en la médula espinal, y muchas veces estas lesiones están ahí aunque tú no sientas ningún síntoma. La resonancia permite ver si existen nuevas lesiones, si las anteriores siguen activas o si todo está estable.
Con esta información, tu equipo de salud puede ajustar el tratamiento y realizar un mejor seguimiento de tu evolución.
Durante el estudio te estiras en una camilla que entra en el escáner. Es importante mantenerse inmóvil para que las imágenes salgan bien. La prueba puede durar entre 20 y 45 minutos.
En ocasiones se utiliza un líquido llamado contraste, que se aplica por una vena del brazo. Es un elemento seguro que ayuda a ver si existe actividad reciente en las lesiones y se elimina fácilmente por la orina.
Después del estudio puedes continuar tu día con normalidad. Si te han puesto contraste, sólo recuerda beber agua para eliminarlo más rápido.
La resonancia es una herramienta clave para cuidar de tu salud. Aunque te encuentres bien, es importante saber cómo estás por dentro. Y ante cualquier duda, consulta con los profesionales de la salud, que te estarán acompañando en todo momento.