Asma: qué tipos hay

El asma no es igual en todas las personas. Aunque los síntomas suelen ser similares (tos, sensación de falta de aire, opresión en el pecho o pitidos al respirar), existen distintos tipos de asma según la causa, la edad de aparición o los factores que influyen en su control.

Conocer el tipo de asma ayuda a entender mejor la enfermedad y facilita adaptar el tratamiento a cada paciente. Además, una misma persona puede presentar características de más de un tipo de asma.

A continuación, se describen los principales tipos de asma.

El asma alérgica es el tipo más frecuente en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Se produce por una reacción exagerada del sistema inmunitario frente a sustancias del ambiente llamadas alérgenos.

Los alérgenos más habituales son:

  • ácaros del polvo doméstico
  • pólenes
  • epitelios de animales
  • hongos ambientales

La exposición a estos alérgenos puede desencadenar síntomas o crisis asmáticas. En algunos pacientes, evitar el contacto con el alérgeno responsable mejora notablemente la evolución del asma.

El asma alérgica suele asociarse a otras enfermedades alérgicas como la rinitis, la conjuntivitis o la dermatitis atópica. En determinados casos puede tratarse con inmunoterapia específica frente al alérgeno responsable.

En aproximadamente la mitad de los pacientes con asma no se identifica una alergia como causa de la enfermedad. En estos casos se habla de asma no alérgica.

Es más frecuente en adultos y puede presentar síntomas más persistentes.

Aunque no exista una alergia identificable, algunos factores pueden empeorar el asma, como:

  • infecciones respiratorias
  • aire frío
  • contaminación ambiental
  • humo del tabaco
  • olores intensos
  • estrés físico o emocional

Las pruebas de alergia suelen ser negativas y los síntomas pueden ser más continuos a lo largo del tiempo.

El asma inducida por el ejercicio se caracteriza por la aparición de síntomas durante o después de realizar actividad física.

Los síntomas más habituales son:

  • tos
  • falta de aire
  • pitidos en el pecho
  • disminución de la tolerancia al esfuerzo

En algunos casos, estos síntomas aparecen únicamente con el ejercicio, especialmente en niños.

Es importante recordar que la actividad física es beneficiosa para las personas con asma. Con un buen control de la enfermedad, la mayoría de los pacientes pueden practicar deporte con normalidad.

El asma ocupacional está causada o empeorada por la exposición a sustancias presentes en el entorno laboral.

Se estima que aproximadamente un 15 % de los casos de asma pueden estar relacionados con el trabajo.

Algunas de las exposiciones más frecuentes son:

  • harinas en panadería
  • látex en personal sanitario
  • tintes y decolorantes en peluquería
  • pinturas, disolventes y productos químicos industriales

Detectar la relación entre los síntomas y el trabajo es fundamental, ya que reducir la exposición al agente responsable puede mejorar de forma importante la evolución del asma.

Por este motivo, cuando el asma aparece en la edad adulta o empeora sin causa clara, es importante valorar si existe relación con el entorno laboral.

La obesidad puede empeorar el control del asma y aumentar la frecuencia de los síntomas y las exacerbaciones.

En España, aproximadamente una cuarta parte de las personas con asma presentan obesidad.

El exceso de peso puede dificultar la respiración y favorecer la inflamación de las vías respiratorias. Por este motivo, mantener un peso saludable contribuye a mejorar el control del asma y la calidad de vida.

En casos de obesidad importante, la pérdida de peso se asocia con una mejoría significativa de los síntomas.

Un pequeño grupo de personas con asma presenta síntomas respiratorios tras tomar determinados antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como la aspirina, el ibuprofeno o el naproxeno.

Este tipo de reacción aparece aproximadamente en un 10 % de los pacientes con asma.

Suele asociarse a congestión nasal persistente, sinusitis crónica o pólipos nasales.

Es importante destacar que la mayoría de las personas con asma pueden tomar antiinflamatorios sin problemas. Ante la sospecha de intolerancia, es recomendable consultar con el equipo sanitario antes de utilizarlos.

Actualmente también se distingue el asma según el tipo de inflamación de las vías respiratorias.

El asma T2 alta es la más frecuente y suele estar relacionada con la alergia. Sin embargo, en los adultos su principal característica es la presencia de biomarcadores de inflamación tipo 2, como la eosinofilia (aumento de eosinófilos, un tipo de glóbulo blanco que puede detectarse tanto en análisis de sangre como en muestras de la vía aérea, como biopsias o esputo). Otro biomarcador de inflamación T2 es la elevación del óxido nítrico exhalado, una prueba respiratoria no invasiva que mide su concentración en el aire espirado.

El asma T2 baja es menos frecuente y puede ser más difícil de controlar. En algunos casos se asocia a factores como la obesidad o el tabaquismo, y actualmente se define por la ausencia de los biomarcadores anteriormente descritos.

Suscríbete a nuestro boletín mensual "Haz salud", con información de salud para todos.