Montserrat Loba vio su vida zarandeada cuando le diagnosticaron un tumor en el duodeno en unas pruebas rutinarias en el CAP. Fue intervenida del tumor, que resultó maligno, en el Hospital de Bellvitge. Además, se le añadió una infección en el abdomen que hizo necesario un trasplante de microbiota fecal. Mientras estaba ingresada empezó a escribir un diario que sería la semilla de un libro que estaba decidida a escribir al salir. Tener un objetivo, afirma convencida, le ayudó a salvarse. El resultat fue el libro “De la foscor a la llum”/ "De la oscuridad a la luz".
- ¿Cómo empezó tu relación con el Hospital de Bellvitge?
Lo cierto es que todo se desencadenó casi por casualidad. Después de una ecografía rutinaria para controlar unos quistes hereditarios en el hígado, mi doctora de cabecera me citó. Entré tranquila y optimista, como siempre, pero la encontré con una cara muy distinta a la habitual. Entonces me dijo que veía algo, una sombra, que no le gustaba y que además estaba como muy escondida. No pudo responderme en ese momento si era cáncer, pero allí, en el 2016, empezó todo. Ni en Reus ni en Tarragona tenían el gastroscopio con la sonda del tamaño necesario para mi caso y así me derivaron a Bellvitge. Aquí empezamos a hacer resonancias, y con los resultados el médico me dijo que no le gustaban ni las dimensiones, ni la forma, ni el color de lo que veía. Sin embargo, debíamos esperar el resultado de la biopsia, que fue negativo. Hicimos otra, negativo, y aún una más, también negativa. Así que parecía que no tenía cáncer... pero a veces me adelanto a lo que debe ocurrir y a pesar de los tres resultados negativos, me quedó una inquietud...
- ¿Y qué pasó con esa inquietud?
En noviembre de ese año entré en el quirófano para extraer el tumor y al salir si que era cáncer. ¿Cómo era posible? Parece ser que se trataba de un tumor gigante en el duodeno, pero que también tocaba ya el páncreas. Al ser tan grande, cuando hicieron la biopsia el tejido que tomaron como muestra no era de la parte afectada. Cuando me lo dijeron, lloré 24 horas y ya está, porque soy de la hora 25, siempre lo digo. A partir de ahí vinieron muchísimas complicaciones: fístulas pancreáticas, iba con bolsa, perdí 21 kilos. Para afrontar todo aquello no me quedaba otra que la fuerza de voluntad para salir adelante, es decir, una aceptación, porque cuánto más tarde lo aceptas, peor te encuentras. En medio de esta lucha diaria sufrí una infección por la bacteria Clostridium Difficile. No me hacía efecto ninguna medicación y por eso al final llegamos al trasplante fecal, de hecho creo que fui una de las primeras personas que recibió un trasplante de este tipo. Me quedé sin flora buena. O sea, si no me hubiera muerto del cáncer quizás lo hiciera por la bacteria si no funcionaba el trasplante. Y funcionó, gracias a Dios funcionó.
- A partir de ahí cambia tu vida...
Después de casi seis años de calvario, en el 2022 recibí el alta, pero siempre voy a arrastrar problemas, porque debo vivir sin vesícula, la mitad del estómago, ni intestino delgado, ni páncreas. ¿Cómo vivo yo tomando 30 pastillas todos los días? A veces estoy sentada y pienso ¿cómo puedes vivir, si casi te faltan más órganos de los que tienes? La respuesta: es casi como un milagro, un milagro que pasó aquí en Bellvitge; gracias a los médicos que me salvaron la vida. Bellvitge es mi segunda casa y mi segunda familia, y era algo que quería agradecer personalmente.
- Y es entonces cuando decides escribir un libro, ¿qué querías contar?
Lo decidí al principio de la enfermedad, porque cuando una persona tiene cáncer creo que una de las cosas que debe hacer primero es tener un objetivo. Quería no pensar demasiado en la enfermedad, sino en lo que haría cuando saliera de aquí. Y quería plantearlo en positivo: cuando yo salga de ahí escribir un libro, un libro para ayudar a la gente a afrontarlo como yo. De esa forma empecé a escribir un diario, que es accesible desde el libro con un código QR. Allí contaba todos los días en Bellvitge. Me enfoqué en esto y creo que me salvó. Sabía que ese diario sería la base del libro que escribiría al salir. La primera editorial con la que hablé se interesó por el libro y así se publicó en catalán y castellano. Me ha gustado mucho escribir desde siempre, aunque éste es el único libro que he publicado. Está escrito tal cual soy, es un libro sencillo, fácil de leer. Para mí escribir es la magia de poner en el bolígrafo las palabras que te salen del corazón, y en este caso mío, ha sido una terapia, ha hecho que sea un vaciado terapéutico y sanador.
- El libro incluye hasta seis prólogos de profesionales, ¿fue difícil conseguirlos?
No costó mucho, la verdad. En el caso del Dr. Secanella, por ejemplo, se lo pedí en una de las visitas y en 24 horas me hizo el texto que aparece en el libro. De hecho, me emociono al pensar en todas las personas que han escrito. - ¿Cómo ha cambiado tu vida a nivel práctico después del cáncer? Ahora la vida es algo más complicada, con límites para hacer ciertas cosas, pero bueno, sigo fuerte adelante y tratando de ayudar a la gente. De hecho, parte de los beneficios de la venta del libro van destinados a la investigación sobre el cáncer. Si ese dinero sirve para acabar con una célula maligna ya seré feliz.
- ¿Y a nivel mucho más interior, en tu forma de encarar la vida?
Diría que el carácter no me ha cambiado. Siempre he sido una persona positiva, de las que ven la botella medio llena. ¿He sacado algo de la enfermedad? Puede que sí; antes era sólo vivir y aprovechar los momentos, ahora no hablo de momentos o etapas más o menos duraderas, sino más bien de vivir los instantes, fragmentos aún más breves. Vivo la vida como si cada día fuera el último, mira se me pone la piel gallina tal y como te lo explico. ¿Por qué? Porque la vida te cambia en un segundo. Entras en una consulta para buscar los resultados de unas pruebas rutinarias y sales con la vida cambiada. Por eso, si podemos hacer esto ahora mismo, hagámoslo. Ahora, en este momento, me estás haciendo una entrevista para un sitio al que le debo la vida. Estoy viviendo ese momento. ¿Qué ha cambiado?, pues lo vivo todo con mucha más intensidad: un abrazo, una salida de sol, un paseo por la playa. Todo es el doble o el triple de intenso en relación a cómo lo veía antes. Mi marido me lo dice muchas veces, “es que te lo tomas todo como si se acabara el mundo”. Pero es que para mí es así, yo sólo vivo el hoy. Hoy es el día más importante, cada instante del día de hoy, no mañana, porque nadie lo ha visto. No dejes de decir te quiero a la persona que amas; no dejes de dar un abrazo; demuestra las cosas que sientes. Ésta es mi vida ahora. Intento ver la parte más bonita de la vida, porque la mala ya la he vivido.
- Una de las cosas que se dicen en los prólogos del libro, creo que lo hace el Dr. Francesc Collado, es que tratarte le había hecho mejor médico, ¿qué te hacen oír afirmaciones como ésta?
Cuando venían a hacerme alguna prueba dolorosa, por ejemplo a Francesc le decía: ‘Francesc, llevas una camisa nueva, ¡es muy bonita!” Y me decían “Venimos a hacerte una prueba que te hará daño. ¿Cómo puedes tener estas palabras?” Pues, porque lo siento así. Sólo les preguntaba si podía llorar si me dolía mucho. Y al final me decían “¿Cómo es posible que nos animes tú a nosotros?” Pues es que soy así, vosotros venís a ayudarme a mí y yo sólo tengo palabras de agradecimiento, y no me sale estar enfadada. Con las enfermeras igual: “Qué guapa estás hoy Belinda, ¿qué te has hecho en el pelo? Y me contestaba sorprendida “¿Cómo es posible tengas este ánimo?” Creo que es una estima mutua la que nos tenemos. Sin esa actitud a pesar de los tratamientos recibidos quizás me hubiera quedado por el camino. Cuando vengo a Bellvitge, vengo a casa, estoy en casa y con parte de mi familia, y lo pregono a los cuatro vientos. Estoy muy orgullosa de poder estar en su mundo, vosotros como personal sanitario y yo como paciente! ¡Gracias por darme voz y que llegue a todas aquellas personas que estén sufriendo un cáncer en este momento y les pueda reconfortar con mis palabras!
En la primera imagen, profesionales del grupo de cirugía hepatobiliopancreática con Montserrat Loba y su marido. A continuación, primero el Dr. Lluís Secanella, cirujano que intervino a Montserrat, y el Dr. Rafael López Urdiales, que trató a Montserrat desde el Servicio de Endocrinología y Nutrición del HUB.