Encefalopatía hepática: qué saber

La encefalopatía hepática (EH) es una complicación importante de la cirrosis. Aparece cuando el hígado no puede eliminar correctamente las sustancias tóxicas de la sangre. Estas sustancias se acumulan y afectan al funcionamiento del cerebro, lo que puede provocar cambios en el pensamiento, el comportamiento, el estado de ánimo y la coordinación física.

Los síntomas de la EH pueden aparecer, desaparecer o cambiar, y no siempre son iguales en todas las personas. Pueden ser mentales o físicos y a menudo se combinan.

  • Olvidos o pequeños “despistes”.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Más irritabilidad o falta de interés.
  • Confusión o desorientación.
  • Cambios en la forma de comportarse o hablar.
  • Ver o oír cosas que no existen (alucinaciones).

  • Problemas para dormir.
  • Dificultad para hablar o escribir bien.
  • Movimientos menos coordinados.
  • Temblor de las manos.
  • Pérdida de conocimiento.
  • En casos graves, puede llegarse al coma.

Los síntomas pueden empeorar rápidamente, por eso es importante que tanto el paciente como la familia sepan reconocerlos.

Si aparecen o no mejoran con el tratamiento, es necesario acudir a urgencias.

La EH puede aparecer cuando existe algún factor que descompensa el hígado. Los más frecuentes son:

  • Estreñimiento.
  • Infecciones (por ejemplo, fiebre, infección de orina…).
  • Hemorragias digestivas.
  • Algunos medicamentos, sobre todo sedantes o ansiolíticos.
  • Insuficiencia renal, deshidratación o alteraciones de los minerales de la sangre (como el sodio o el potasio bajos).
  • Cirugía o procedimientos médicos recientes.

La EH puede tratarse, y en muchos casos se puede controlar muy bien.

1. Tratar la causa desencadenante

  • Es esencial identificar qué ha provocado el episodio (por ejemplo, estreñimiento, infección, deshidratación...).
  • Cuando se trata esta causa, los síntomas de la EH suelen mejorarse.
     

2. Tratamiento específico

Hay medicamentos que ayudan a reducir las toxinas que se forman en el intestino y que llegan a la sangre:

  • Lactulosa o lactitol (laxantes especiales).
  • Rifaximina (antibiótico que no se absorbe).

Estos tratamientos ayudan a evitar nuevos episodios y deben tomarse tal como indique el equipo médico.

Con un tratamiento continuado y bien ajustado, la EH puede controlarse y, en algunos casos, casi desaparecer.

Algunas medidas importantes para ayudar a evitar nuevos episodios son:

  • Evitar el estreñimiento: es necesario realizar entre 2 y 3 deposiciones al día. Si a pesar de los laxantes no puede evacuar, puede hacer falta un enema.
  • Mantener una dieta saludable, con frutas, verduras y proteínas adecuadas.
  • No beber alcohol.
  • Evitar medicamentos que puedan afectar al hígado; siempre consultar antes al médico o enfermera.
  • Consultar rápidamente si aparece fiebre, dolor abdominal, molestias al orinar o signos de infección.

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