Desmontamitos: 10 falsos mitos sobre el calzado y la salud

Nuestros pies pueden soportar miles de pasos cada día y constituyen la base sobre la que se mueve todo el cuerpo. A pesar de ello, existen numerosas creencias populares sobre el calzado que no siempre están respaldadas por la evidencia científica. La realidad es que no existe un zapato perfecto para todas las personas, sino calzados más o menos adecuados según la anatomía, la actividad realizada y las necesidades individuales. 

Un calzado completamente plano no siempre es la mejor opción. Aunque algunas personas lo toleran perfectamente, las suelas muy finas y sin amortiguación pueden aumentar las cargas sobre la fascia plantar, los metatarsianos y los tendones del pie, especialmente durante caminatas prolongadas.

El problema no es que el zapato sea plano, sino que no aporte suficiente protección para la actividad que realizamos. Una persona joven y activa puede caminar cómodamente con calzado minimalista, mientras que otra con fascitis plantar, obesidad o metatarsalgia puede empeorar sus síntomas.

Mensaje clave

No existe una altura de suela ideal para todo el mundo. La mejor opción depende de las características y necesidades de cada persona.

Las chanclas fueron diseñadas para entornos como la playa, la piscina o trayectos cortos. Al no sujetar el talón, obligan a los dedos a realizar un esfuerzo adicional para evitar que el calzado se desprenda durante la marcha. Esto modifica la forma de caminar y aumenta la actividad muscular del pie.

Además, varios estudios han observado una asociación entre el uso prolongado de chanclas y un mayor riesgo de dolor plantar, sobrecarga muscular e inestabilidad.

Mensaje clave

Para caminar varios kilómetros o permanecer muchas horas de pie es preferible un calzado con buena sujeción y una tira posterior que estabilice el talón.

Los efectos de los tacones van mucho más allá del pie. Al elevar el talón, el centro de gravedad se desplaza hacia delante y aumenta la carga que soporta el antepié. También se producen cambios en la rodilla, el tobillo y la musculatura de la pierna.

La evidencia muestra que los tacones altos aumentan la presión sobre los metatarsianos, favorecen determinadas deformidades y pueden incrementar la carga sobre la rodilla, especialmente cuando se utilizan de forma habitual.

Mensaje clave

Cuanto más alto es el tacón y más tiempo se utiliza, mayores son los cambios biomecánicos que experimenta el cuerpo.

El desarrollo del hallux valgus (juanete) tiene un importante componente genético. Muchas personas desarrollan juanetes aunque utilicen un calzado adecuado, mientras que otras nunca los presentan a pesar de usar zapatos estrechos.

Sin embargo, determinados tipos de calzado pueden acelerar la evolución de la deformidad o empeorar los síntomas. Las punteras estrechas y los tacones elevados aumentan las presiones sobre la parte delantera del pie.

Mensaje clave

Los zapatos pueden influir, pero no suelen ser la única causa.

Las sandalias constituyen un grupo muy amplio de calzado. No es correcto meter en el mismo saco unas chanclas de playa y unas sandalias de senderismo con buena sujeción.

Las sandalias con tira posterior, suela estable y una adecuada fijación al pie producen muchos menos cambios en la marcha que las chanclas tradicionales. Algunos modelos incluso ofrecen prestaciones comparables a las de un calzado cerrado para ciertas actividades.

Mensaje clave

Lo importante no es que el calzado sea abierto o cerrado, sino cómo sujeta y protege el pie.

El precio no garantiza una mejor salud del pie. Muchas campañas comerciales hacen creer que un modelo concreto prevendrá lesiones o corregirá problemas biomecánicos, pero la evidencia científica es mucho más prudente.

Un calzado adecuado debe ajustarse correctamente a la forma del pie, ser cómodo, adaptarse a la actividad realizada y proporcionar la estabilidad que necesita cada persona. Es posible encontrar excelentes opciones en gamas medias y modelos caros que resulten inadecuados para determinados usuarios.

Mensaje clave

El mejor zapato no es el más caro; es el que mejor se adapta a tu pie.

Las zapatillas minimalistas o barefoot tienen características muy concretas: suela fina, gran flexibilidad y ausencia de desnivel entre talón y antepié. Algunas personas refieren una buena adaptación y mejor percepción del terreno. Sin embargo, no todos los usuarios obtienen los mismos beneficios.

La transición brusca desde un calzado convencional puede aumentar las cargas sobre músculos y tendones que no están acostumbrados a trabajar de esa manera. Por ello, cuando se opta por este tipo de calzado suele recomendarse una adaptación progresiva.

Mensaje clave

Las barefoot no son ni milagrosas ni perjudiciales por definición. Todo depende de quién las use y cómo las introduzca.

La comodidad es un aspecto muy importante, pero no es el único criterio. Algunos zapatos pueden resultar cómodos durante unos minutos y, sin embargo, ofrecer escasa estabilidad o protección para actividades prolongadas.

Por otro lado, la percepción de comodidad es subjetiva y puede variar mucho entre personas. La mejor elección combina confort, ajuste adecuado, estabilidad y adaptación a la actividad.

Mensaje clave

La comodidad es necesaria, pero no suficiente.

Los pies infantiles están en constante desarrollo. Actualmente se sabe que los niños sanos no necesitan zapatos rígidos para "moldear" su pie. De hecho, la movilidad natural es importante para el desarrollo muscular y sensorial.

El calzado infantil debería permitir el movimiento, ser flexible en la zona de los dedos y ofrecer espacio suficiente para el crecimiento. Las estructuras excesivamente rígidas rara vez aportan ventajas en niños sin patologías específicas.

Mensaje clave

El zapato debe acompañar el desarrollo del pie, no dirigirlo.

Las exigencias biomecánicas de caminar por ciudad, correr, realizar senderismo o permanecer muchas horas de pie son diferentes. Por ello, un único modelo difícilmente será el ideal para todas las situaciones.

Los materiales, la amortiguación, la estabilidad y la sujeción que pueden resultar adecuadas para correr no tienen por qué ser las más apropiadas para trabajar, viajar o caminar por montaña.

Mensaje clave

Elegir el calzado según la actividad es una de las mejores estrategias para prevenir molestias y lesiones.

La mayoría de los problemas relacionados con el calzado no dependen de una única característica, sino de la combinación entre el diseño del zapato, el tiempo de uso y las características de cada persona. La evidencia científica actual sugiere que las mejores decisiones suelen ser las más sencillas:

  • Utilizar calzado adecuado para cada actividad.
  • Priorizar una buena sujeción del pie.
  • Evitar el uso prolongado de chanclas como calzado principal.
  • Limitar el uso frecuente de tacones altos.
  • Escoger una puntera suficientemente ancha.
  • Sustituir los zapatos excesivamente desgastados.
  • Consultar con profesionales sanitarios cuando existe dolor persistente o deformidad.

Suscríbete a nuestro boletín mensual "Haz salud", con información de salud para todos.