La Biblioteca Bellvitge acogió este 20 de mayo una nueva sesión del ciclo divulgativo “Disculpi, tinc un dubte...”, impulsado por el Hospital Universitario de Bellvitge. En esta ocasión, la charla estuvo dedicada al dolor crónico y fue impartida por la Dra. Carmina Ribas, del Servicio de Anestesiología y Reanimación. Una veintena de personas asistieron para entender mejor qué es el dolor persistente, por qué se cronifica y qué estrategias pueden ayudar a convivir mejor con él.
El dolor es mucho más que una sensación física
La sesión comenzó con una idea clave: el dolor es mucho más que una sensación física. Según la definición de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), se trata de “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial”. Esto significa que el dolor también está influido por factores emocionales, psicológicos y sociales.
Durante la charla se diferenciaron dos conceptos importantes: el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo es una respuesta útil del organismo ante una lesión o una situación de peligro. En cambio, el dolor crónico dura más de tres meses y puede continuar incluso cuando la lesión inicial ya se ha curado. En estos casos, el sistema nervioso mantiene activada la respuesta al dolor, algo que puede acabar afectando a muchas áreas de la vida cotidiana.
Una condición compleja que afecta al día a día
Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue que el dolor crónico no es solo un síntoma, sino una condición compleja que afecta al cuerpo, la mente y las relaciones sociales. Por ello, actualmente se utiliza un modelo biopsicosocial para comprenderlo mejor. Este enfoque tiene en cuenta aspectos físicos, pero también factores como la ansiedad, el estrés, la calidad del sueño, el entorno familiar o el apoyo social.
También se repasaron diferentes tipos de dolor crónico, como el neuropático, el musculoesquelético, el oncológico o el posquirúrgico. Más allá del diagnóstico, se puso el foco en el impacto que el dolor persistente puede tener en el día a día. “El dolor crónico no solo duele: transforma la vida”, recordó la Dra. Ribas, en referencia al cansancio, las dificultades para dormir, las limitaciones funcionales o el aislamiento social que muchas personas pueden experimentar.
El papel de las unidades del dolor
La sesión también sirvió para explicar qué son las unidades del dolor y cuál es su papel en la atención a las personas con dolor persistente. Estas unidades trabajan con equipos multidisciplinares formados por profesionales de diferentes ámbitos, como anestesiología y tratamiento del dolor, fisioterapia, psicología o enfermería especializada. El objetivo es escuchar a cada persona, entender cómo el dolor afecta a su vida y ofrecer un tratamiento personalizado y adaptado a cada situación.
En cuanto a los tratamientos, se insistió en que no existe una solución única. Las estrategias más eficaces suelen combinar ejercicio terapéutico, fisioterapia, educación en dolor, apoyo psicológico, medicación o determinadas técnicas intervencionistas.
El ejercicio y los hábitos saludables, claves para convivir mejor con el dolor
Uno de los aspectos más prácticos de la conferencia fue la importancia de mantenerse activo. La Dra. Ribas destacó que el ejercicio físico regular es una de las herramientas más útiles para prevenir y reducir el dolor, especialmente con la edad. Caminar, realizar ejercicios suaves o mantener una rutina activa ayuda a mejorar la fuerza muscular, la movilidad, el descanso y el bienestar emocional.
La charla también abordó la relación entre envejecimiento y dolor. Factores como la inflamación crónica, la pérdida de masa muscular o enfermedades como la artrosis pueden aumentar la sensibilidad al dolor con los años. Por ello, se remarcó la importancia de cuidar hábitos como la alimentación, el movimiento y las relaciones sociales.
Comprender el dolor, primer paso para recuperar calidad de vida
La sesión concluyó con un mensaje esperanzador y realista: el dolor crónico es real, aunque no siempre aparezca en las pruebas médicas, y no es culpa de quien lo padece.
Aunque la mejora suele ser gradual, comprender el dolor y abordarlo desde diferentes dimensiones puede ayudar a muchas personas a recuperar calidad de vida y autonomía. “El movimiento, la educación y el apoyo social son tan importantes como la medicación”, concluyó la Dra. Ribas.