“Le dediqué mucho tiempo y esfuerzo al baloncesto y la medicina de forma simultánea y en cierta forma fue como un alivio enfocarme en una de las facetas de forma plena”
La ficha de la Federación Española de Baloncesto de Ángel Victor Hernández Martos dice, entre otras cosas, que mide 1.95 cm y que jugó 217 partidos en 12 temporadas como profesional en cinco equipos. En el año 2018, con 27 años, se retiró de la alta competición para dedicarse de lleno a la Medicina, que después de la residencia le trajo hasta la Unidad de Curas Intensivas de Cardiología del Hospital de Bellvitge, en la que ha podido comprobar como el trabajo en equipo, la disciplina o la formación son valores compartidos entre ámbitos tan alejados (o tan próximos) como la medicina y el baloncesto.

- Tu caso es un ejemplo de precocidad en el baloncesto profesional…
Nací en Almería, y estuve allí hasta los 15 años. Siempre lo digo porque hay mucha gente que, cuando has sido jugador profesional, te pregunta cómo empezó la cosa o si yo tenía claro que iba a ser jugador profesional de baloncesto desde pequeño y la verdad es que no, para nada. Tuve la suerte que mis padres desde los 5 o 6 años me apuntaron a todos los deportes habidos y por haber. Acabé compatibilizando el fútbol y el baloncesto, después de haber pasado por el judo, el balonmano o la natación. Y al final, con 13 o 14 años elegí el baloncesto porque mi grupo de amigos fuerte jugaba al baloncesto.

- ¿Y empezaste a despuntar entonces?
Durante dos años me centré en el baloncesto, se me daba bien, le dedicaba tiempo y al final con 15 años me llamaron para ir a un campus de verano con el Granada y el Unicaja de Málaga. Finalmente fiché por el Granada y allí pasé cinco años, jugando en primera y en segunda. Poco a poco fui entrando en el primer equipo y allí jugué dos años en primera y uno en segunda, Después el equipo acabó desapareciendo por problemas económicos y entonces fiché por el Coruña, tenía 20 añitos.

- ¿Y el Coruña fue el equipo de tu consagración, no?
Si, allí hice el grueso de mi carrera deportiva. Jugué allí seis años. Estuvimos a punto de ascender a l’ACB. Hasta que me retiré en 2018, cuando llegó el MIR y tenía que empezar la residencia. Hasta entonces estuve compatibilizando baloncesto y medicina.
- ¿Cuándo te fichan con 15 años te empiezas a ver como jugador profesional?
Inicialmente lo ves como una experiencia. Con 15 años dejas tu hogar y te instalas en otra ciudad, en una casa compartida con varios jugadores, con una familia que nos echaba una mano con la intendencia. Te ves lejos de tus padres y el resto de la familia, con la responsabilidad de gestionar tus horarios, tus entrenamientos y sobre todo tus estudios, que es el punto más delicado. Tengo la suerte de que mis padres son los dos profesores y yo fui a Granada con la premisa de que lo primero eran los estudios. Podía ser deportista al nivel que quisiera, pero condicionado a los estudios. De hecho, como anécdota recuerdo que en el primer examen de matemáticas que hago cuando llego a Granada, el profesor nos suspende prácticamente al 90% de la clase y era mi primer examen que suspendía en toda mi vida. Y recuerdo una llamada de mi padre diciéndome que con otro suspenso supondría volver a Almería. Por suerte, todo salió bien. Para ser deportista profesional no basta con el talento, tienes que tener suerte, estar en el momento adecuado, la situación adecuada, que cuando te toca te salgan bien las cosas… Y por suerte yo he tenido esa fortuna mezclada con el tiempo que le he dedicado.

- ¿Y en tu caso se dieron toda esa serie de circunstancias?
A causa de la lesión del segundo base en Granada, tuve la oportunidad de jugar más tiempo, pero ese momento me pilló muy joven. Como deportista profesional vas madurando con el paso de los años y entonces estaba muy verde, tenía muchas ganas, pero me faltaban muchas cosas. Y el cambio de aires y de responsabilidad cuando fui a Coruña me vino bien a nivel de esa madurez y pude hacer mis mejores años como baloncestista. En Coruña llegué a ser capitán del equipo y a tener una responsabilidad y un peso en el equipo bastante importante y fue donde más disfruté.

- ¿Y con 15 o 16 años a tenías claro cómo querías orientar tu futuro?
Tenía bastante claro que quería hacer medicina. De hecho me costó bastante esfuerzo compaginar estudios y deporte. Hay gente que pensaba que al jugar en la ACB, entrenar mañana y tarde todos los días, viajar los fines de semana y faltar a algunas clases por estas circunstancias entraba en la carrera con una nota más baja por tener categoría de deportista de élite. En determinados deportes puede ser más fácil, pero en baloncesto para considerarte deportista de élite en la época en la que yo jugaba tenías que haber sido convocado por la selección española y haber quedado cuarto en un Campeonato de Europa u octavo en un Mundial. Fui preselección española en mi año, pero no llegué a entrar a la selección, con lo cual accedí a Medicina como el resto de chavales que se presentan a la selectividad, con el mismo corte de nota. De hecho, tuve que hacer un año de fisio porque no pude entrar a Medicina. Al año siguiente por nota ya me dio para entrar en Medicina.
- Un caso cómo el tuyo no es habitual en el deporte profesional…
Una cosa que he aprendido en el deporte y que me sirvió en la época de estudiante, y lo sigue haciendo a día de hoy, es la disciplina, el saber lo que se puede hacer en cada momento o no, las exigencias que supone hacerlo y el sacrificio que tienes que hacer. Desde pequeño he estado acostumbrado a utilizar mucho de mi tiempo libre para este tipo de cosas, porque sabía que si quería disfrutar con el baloncesto y hacerlo a un alto nivel, le tenía que dedicar mucho tiempo y el poco tiempo libre que me quedase, pues evidentemente dedicarlo a estudiar. En Coruña, por ejemplo, la sala de prensa que se utilizaba los fines de semana, entre semana era mi sala de estudio, sobre todo entre los entrenos de mañana y tarde. En los desplazamientos en autobús a los partidos era mi momento de dedicar seis u ocho horas al estudio.

- Hasta que llega la encrucijada definitiva señalizada como MIR…
Empezar la residencia supone, entre otras muchas cosas, el inicio de las guardias. En ese momento elegí centrarme al cien por cien en la medicina y por eso tomé la decisión de dejar el baloncesto profesional. Aun así, cuando fui a Salamanca estuve jugando en 2ª B, con el Club Deportivo Carbajosa, sin tanta responsabilidad directa. Entrenaba y jugaba los partidos que podía allí en Salamanca. Fueron dos temporadas, entre 2019 y 2021, hasta que llegaron el Covid y después mis dos hijos.

- ¿Y ahora mantienes algún contacto con el baloncesto o te gustaría poder hacerlo?
Durante la residencia, hice una rotación externa en Coruña. Entonces nos fuimos allí toda la familia durante cinco meses y entonces volví a jugar en un equipo amateur y tuve la satisfacción de volver a tener contacto con el baloncesto más puro, el que se juega por diversión. Llega un momento en que el deporte profesional se convierte en un trabajo al que vas cada día de 10 a 12 y de 5 a 7, porque es tu trabajo y te exigen resultados. Si no tienes resultados, tienes a la prensa encima, a los aficionados, que por suerte siempre se han portado muy bien conmigo en los equipos en los que he estado. Volver a jugar a nivel amateur, sólo por pasarlo bien con un grupo de compañeros y donde si ganas sales sonriendo, y si pierdes, sales sonriendo igual, pues la verdad es que lo disfruté muchísimo. A nivel físico no lo disfruté tanto porque después de haberme lesionado prácticamente nunca en toda mi carrera, en esos cinco meses tuve dos roturas fibrilares, posiblemente porque la cabeza me iba a un ritmo que era el que tenía cuando era profesional, mientras que el cuerpo ya no estaba en ese ritmo. El músculo no tiene tanta memoria. La verdad es que ahora me gustaría jugar más de lo que lo hago, pero el día a día del trabajo, diferentes proyectos de formación en los que estoy involucrado y lo que tengo fuera, que es a lo que le dedico tiempo, mi familia, pues no me deja mucho espacio. A lo mejor esto podría pasar aquí en el hospital, si se crea un equipo…

- ¿Cómo recuerdas el anuncio de tu retirada profesional?
Me retiro con 27 años, cuando estaba posiblemente en el mejor momento de mi carrera, en mi prime. Los compañeros más cercanos ya sabían que era algo que iba a hacer más pronto que tarde. Viéndolo en perspectiva, creo que fue un buen momento para retirarme. Le dediqué mucho tiempo y esfuerzo al baloncesto y la medicina de forma simultánea y en cierta forma fue como un alivio enfocarme en una de las facetas de forma plena. Y no le sorprendió a nadie. Los directivos del club estaban totalmente informados, de hecho ya llevaba varios años avisando de que esto se estaba acercando y lo entendieron.
- ¿Y los compañeros? ¿Te pedían que lo reconsiderases?
En aquel momento tenía 27 años, no era el más veterano, pero si el capitán desde hacía un par de años y era un poco el referente de los jóvenes que iban llegando o que venían de categorías inferiores. Y quien decía ‘piénsatelo bien’ era yo! Les comentaba, por ejemplo, ‘no pongas todos los huevos en la misma cesta, porque te rompes el cruzado, y estás en la calle. Entonces compatibiliza, haz lo que quieras a nivel de grado, de universidad, de lo que quieras, pero fórmate, porque luego cuando te retires, vas a tener que salir al mundo laboral y vas a tener que tener algo detrás’. Entonces, si era yo el que les daba la charla ¿cómo me iban a decir a mí por qué te retiras del baloncesto? A día de hoy, algunos compañeros con los que mantengo contacto se acuerdan de aquellas conversaciones y alguno de ellos incluso me ha dado las gracias por tener un plan B. En un vestuario, que es un universo muy cerrado de 12 jugadores, algunas cosas malas se contagian, pero las buenas también.

- ¿Y qué te has traído del baloncesto a la cardiología?
Bastantes cosas. Hablaba antes de la disciplina, el tener claro las responsabilidades que tienes en cada momento y en la cardiología, y más en la de cuidados críticos, a la que me dedico, sabes que tienes una responsabilidad fundamental y que debes estar muy atento al paciente en todo momento. En esto me ha ayudado mi pasado como jugador. Por otra parte, el trabajo en equipo es una de las aspectos a los que dedicó más tiempo, con formaciones que hacemos en la unidad que no sólo incluyen a médicos, sino a enfermería, auxiliares, celadores… Estas formaciones contribuyen a que hagamos más equipo dentro de la unidad y a que en el momento en que trabajemos juntos estemos más coordinados. Creo mucho en esto y la verdad que está saliendo muy bien este proyecto. Y por último está la capacidad de encajar golpes, que parece una cosa banal, pero cuando te dicen algo que no haces bien, te echan una bronca, o tienes un error, intentas encontrar la parte constructiva. Como baloncestista profesional he fallado muchas más veces de las que he acertado, he recibido más broncas de las que puedo contar; he asumido que la prensa me diga literalmente que no estoy para jugar en esta categoría… A día de hoy, acepto perfectamente esas situaciones e intento reconstruir desde la parte más constructiva. Es una experiencia que creo me hace mejor médico, sobre todo en una unidad como la de críticos de cardiología, aunque la realidad a veces es dura. Puede ser que en cierto modo el deporte me haya ayudado a asumir mejor las derrotas… aunque nada ni nadie te prepara para esas situaciones.

- Y ya para acabar, si algún día volvieras a tener una relación directa con el baloncesto ¿cómo te gustaría que fuera?
Sin duda sería jugando. Y si por motivos físicos no pudiese jugar, sería el médico, supongo. De hecho, estuve de médico en una selección española de categorías inferiores, y fue una experiencia genial porque los chavales iban con toda la ilusión del mundo. De hecho coincidí con alguno que ahora está en la NBA, como Hugo González, que entonces tenía 11 años. Ser entrenador no me llama especialmente la atención. De hecho ahora disfruto muchísimo porque mi hijo, que tiene 5 años, está en una escuela de baloncesto y disfruto viéndole, pero no se me ocurrirá jamás decirle a mi hijo, o al entrenador, lo que tiene o no tiene que hacer. Ahora sólo es momento de disfrutar y hacer amigos.