- ¿Cuándo comienza tu relación con el hospital?
En 2010, cuando se me manifestó una neuropatía, el pie de Charcot, que afecta a los huesos, las articulaciones y los tejidos de los tobillos y los pies. Aquí empezó el primer síntoma de una enfermedad que se iría alargando, pero que más o menos sobre 2013 se solucionó. Luego, en 2015, uno de mis hijos estuvo a punto de morir por una sepsis. Era el mes de agosto, y no sé por qué pero en noviembre de ese año, cuando mi hijo ya estaba a salvo, me empezó a doler el cuello. Estuve quince días entrando y saliendo de Urgencias por lo que parecía una faringitis o una laringitis. Por último, como aquello cada vez me dolía más, me visitó un otorrino privado que me dijo que tenía una herida muy importante. Ya en el ICO me confirmaron que la herida era importante y pregunté “¿cáncer?” y me dijeron que sí, cáncer de laringe. Éste fue el primero de cuatro. Y la enfermera, cuando me lo dijeron, me cogía la mano para darme un poco de consuelo y yo pensaba: “¿por qué me coges la mano? Ya sé lo que tengo y me curaré”. Y cuando salí de allí, pensé “¿de dónde te viene de este optimismo?” Pues la verdad es que no lo sé.
- Estabas en el inicio de un camino desconocido para ti...
Aquello se solucionó con tres sesiones de quimioterapia largas, diez de anticuerpos y 33 de radio. Cuando ya estaba tranquilo, más o menos en el 2019, tuvieron que ponerme un marcapasos, porque la quimio me había provocado una patología cardíaca que me bajaba mucho las pulsaciones por minuto, una braquicardia. Y además también me encontraron un nódulo en el pulmón que no le gustó a mi doctora en Igualada y me envió hacia aquí. Así, en 2021 me sacaron en Bellvitge la mitad del pulmón izquierdo, con dos nódulos de tres centímetros. Éste fue el segundo cáncer.
- Y las malas noticias no acaban aquí...
Los clavos que llevaba en las dos piernas a causa de la neuropatía, que me hizo desaparecer el astrágalo y parte del peroné, se fragmentaron y en la intervención para sacarlos de la pierna que estaba peor cogí una bacteria en el quirófano, que mutó a una bacteria resistente y entonces, en el año 2023, tuvieron que amputarme una pierna en 72 horas. Llegamos a ese momento, pues, con dos cánceres y una amputación. Y mi vida siguió igual. Me gusta mucho el estudio, me gusta mucho la charla con gente que pueda aportarme cosas, y a la que yo pueda aportar mi granito de arena a nivel filosófico o historiográfico. Y seguí con mi vida. Entonces, en 2024 me encuentran otros dos nódulos en el pulmón derecho y éste fue el tercer cáncer, que abordamos con radioterapia. Todavía estoy en revisión cada tres meses, pero parece que ha cicatrizado, así que por el momento tiramos hacia delante.
- ¿Y qué pasa a finales del año 2025?
Bueno, ya estaba relativamente tranquilo de nuevo, cuando noté que me faltaba el aire y me encontraron un pólipo que me tapaba el 60% de la tráquea. Me prepararon para radioterapia otra vez, pero los cirujanos me advirtieron que si no salía bien no podrían operarme. Así que, desde enero, comenzaron a hacerme broncoscopias y otras pruebas hasta que tuvieron claro cómo realizar la operación, que finalmente tuvo lugar en junio. Y este fue el cuarto cáncer. He estado ingresado 48 días y hace menos de un mes que estoy en la calle. En cualquier caso, prefiero que me haya tocado a mí, que no a cualquier chaval que, con 25 y 30 años, que tienen toda la vida por delante. Y lo he visto con mi hijo, que con 27 años tuvo una sepsis y un paro orgánico total. Y aún lo pudimos rescatar de la parca después de estar 74 días en la UCI. Salió del hospital para ir al Institut Guttmann, donde entró en camilla y salió andando con una muleta.
- ¿Y cómo has vivido todo este trayecto desde aquel momento inicial de optimismo, cuándo la enfermera te cogía la mano, hasta hoy?
Te responderé con una frase: estos cuatro cánceres, más la amputación, no me han quitado ni un solo día el sueño. No sé cómo explicarlo, y por eso cuando me propusiste la entrevista pensaba que no sé realmente que puedo aportar porque vivo como en una nube. Sé el dolor que me provocaron las neuropatías, sé que las dos primeras semanas después de la última operación no se las deseo a nadie, porque tuve que estar completamente inmovilizado, pero fuera de eso no me ha quitado el sueño ni un solo día.
- ¿Y cómo es eso?
Hago mi vida, vivo cómo quiero vivir. Los años de estudiante fueron fantásticos, porque era joven y vivía la bohemia de los años 70. Era una época que recordaba como única, pero ahora creo que mi mejor época es la de hoy, en la que sin renunciar a nada, he renunciado a todo. Vivo con una paz y una tranquilidad casi exageradas. Veo a toda la gente que me gusta, tengo tres hijos y ocho nietos que son mi vida; y unos hermanos y sobrinos que no los cambio por nada del mundo. No sé si habrá otra persona con la paz y tranquilidad que yo tengo ahora, con mi pisito, con mi estudio, sin que nadie me diga cómo debo hacer las cosas. Para mí, éste es el tiempo más agradecido de toda mi vida.
- ¿Crees que estarías en este punto vital si no hubieses pasado antes por todas estas enfermedades?
Qui lo sá. Se trata de vivir lo mejor que puedas mientras estás aquí, y cuando llegue el momento, ya llegará. Y puede que por eso no he tenido una mala noche dándole vueltas a estos últimos 15 años de mi vida. Si no hubiera pasado por eso... pues no lo sé, no lo sé. Lo único que sí puedo decir es que yo era de los que siempre veía el vaso medio vacío, no medio lleno, no era un gran optimista. Y ahora soy estudiante de historia, aunque llevo tres años que no puedo estudiar mucho porque no salgo de un cáncer que ya me meto en otro, pero estudiar historia y filosofía, que es lo que me hubiera gustado hacer antes, me hace feliz. ¡Y creo que nunca dejaré de estudiar, porque hay tantas cosas y somos tan pequeños en relación a todo lo que nos rodea! Ahora mismo, estoy deseando llegar a casa, comer, dejar todo arreglado, echar un poco de siesta y ponerme a estudiar. Ésta es mi vida.
- ¿Qué estás estudiando ahora mismo?
No son estudios reglados, porque no existen. Es la noética. No sé si la conoces. Fusiona la psicología, la neurociencia y elementos de la espiritualidad para estudiar cómo la conciencia percibe el mundo y en ocasiones trata de transformarlo.
- ¿Y todo este bagaje de estudio crees que influye también en la manera en que encaras la vida?
La historia y la filosofía, que para mí van de la mano, siempre me han gustado. Nunca me he aburrido si tenía un libro al lado, pero hasta ahora no he podido gozar totalmente de lo que es todo esto; hasta ahora no me he dado cuenta de la gran suerte que he tenido de poder madurar experiencias como la de encontrarme dos veces en París con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, en el año 1971. En la calle Poissioners había un hostal que llevaba a una mujer que había sido una de las niñas exiliadas de la República. Tuve la suerte de ir a parar ahí. Cerca había un bistrot y un par de veces encontré almorzando allí a Simone de Beauvoir y Sartre. La segunda me acerqué y me presenté y ahora me doy cuenta de esa gran suerte, porque para mí dentro del existencialismo sólo están ellos dos y Albert Camus. Todo esto es ahora cuando lo entiendo bien. Ahora es cuando puedo disfrutar, porque entonces sólo estaba preocupado por sacar dinero y llevarlo a casa. Y como decía el gran Pepe Múgica, todo lo que compras no lo pagas con dinero, sino con el tiempo que dedicas para conseguir el dinero. El tiempo, una vez se ha perdido, perdido está y por eso ahora trato de aprovecharlo. Por eso les decía a los médicos “dadme el alta que quiero irme a casa”, porque necesito seguir con lo mío. Y ésta es la pequeña vida que puedo explicaros, pero hay muchísima gente que a partir de los 50 años ha vuelto a vivir porque ha vuelto a ilusionarse por la vida y yo no me di cuenta de que era lo que hubiera querido hacer hasta que me jubilé.
- Pero has llegado hasta aquí, y parece que en buena forma...
Lo único que he tenido es una fuerza que no sé de dónde ha venido para no dejarme caer. No sé cómo va a continuar la cosa, pero si sé que hasta el último momento no dejaré de hacer lo que me gusta. También me gusta mucho la música; mi música de base es el jazz. Disfruto mucho con el bebop de los años 50, de Coltrane, de Charlie Parker, y es otra parte de mi vida que además me ayuda a salir adelante cuando vienen momentos de bajada. Entonces, escuchar el April in Paris, de Parker, por ejemplo, me da vida de nuevo, me reanima. Y por favor, no puedo olvidarme de expresar mi agradecimiento de todo corazón al claustro médico que me ha atendido, a la enfermería en general y las auxiliares, a los celadores, y a las señoras de la limpieza, que con sus sonrisas me hacían pasar un buen rato mientras estaba ingresado.