La prevalencia de la psicopatía entre la población se sitúa entre un 0,6% y un 1%, mientras que el porcentaje aumenta hasta el 3,5% en el ámbito empresarial. Éste fue uno de los contundentes datos iniciales que aportó Àngel Cuquerella, jefe de la Sección de Psiquiatría del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña, en la sesión extraordinaria del Plan de Salud Mental Territorial Metropolitana Sur que condujo con José Manuel Novoa subinspector, psicólogo y Jefe de la Unidad Central de Homicidios de los Mossos de Esquadra el 8 de octubre.
Bajo el título “Psicópatas adaptados, una visión integral”, la charla de ambos profesionales ofreció dos aproximaciones complementarias a una patología que va más allá de los casos delictivos más conocidos por la opinión pública.
Pese a los significativos porcentajes de prevalencia, Àngel Cuquerella destacó las dificultades del diagnóstico de la psicopatía, que a menudo se lleva a cabo más por la interacción personal que por los autoinformes, los cuestionarios estructurados que contesta la propia persona para medir la presencia y la intensidad de rasgos de personalidad psicopáticos. Actualmente, la herramienta cínica y forense estándar para evaluar la presencia y grado de la psicopatía en una persona es el PCL-R o Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare, integrada por 20 items diferentes.
Sin embargo, Cuquerella afirmó que "aún no sabemos muy bien que es la psicopatía, pero sí que podemos reconocer la presencia de alteraciones de neurodesarrollo, neuroendocrinas y neurobiológicas que desembocan en una falta de empatía afectiva-emocional y una falta de modulación conductual".
A partir de su experiencia de más de 20 años, expuso unos rasgos comunes para la psicopatía exitosa (no violenta) y la no exitosa. En la psicopatía de carácter exitoso, la persona busca nuevas experiencias y sensaciones, a pesar de su carencia de procesamiento emocional. Por el contrario, en el caso de la no exitosa, se registra una alteración en áreas órbito-frontales y límbicas en el cerebro que afectan a las funciones ejecutivas y emocionales, desencadenando acciones violentas y conductas antisociales.
Interrogatorios reveladores
En la segunda parte de la sesión, el subinspector del Mossos y psicólogo José Manuel Novoa aseguró que después de un homicidio (que dividió en tres grandes categorías: planificado, no planificado y no planificado con manipulación del escenario), el interrogatorio es el punto de inflexión “donde se demuestra la personalidad de cada persona, su tolerancia a la presión o la falta de empatía, por ejemplo”, afirmó.
Recordó entonces una serie de nombres y casos, casi todos incorporados al imaginario popular por la repercusión mediática que tuvieron. Cristina Bergua, una chica de 16 años que desapareció en Cornellà en 1997 cuando iba a ver a su novio, que fue investigado como sospechoso; Luis Alfredo Garavito, asesino y violador de más de un centenar de menores entre 1992 y 1999 en Colombia y Ecuador; Maria Ángeles Molina, condenada por el asesinato de una amiga en Barcelona en 2008; José Breton o Carmen Badia, condenada en el 2008 por el asesinato de la psicóloga Anna Permanyer, fueron algunos de los nombres recordados. Y como ejemplo de psicopatía funcional que en un momento determinado dejó de serlo citó el caso de Rosa Peral y Albert López, autores del conocido como "crimen de la Guardia Urbana".
José Manuel Novoa subrayó la dificultad de llevar adelante las investigaciones en casos de este tipo, en que debe superarse, por ejemplo el sesgo de confirmación, la tendencia natural a interpretar los indicios o las declaraciones según una opinión previa ya asumida por el investigador.
En cualquier caso, cerró la sesión con una conclusión en forma de pregunta: “¿cualquier persona puede llegar a matar en determinadas circunstancias?”