Un camino a la felicidad

Marta Reina Izquiano, autora del relat Un camino a la felicidad, publicat al vol. II de Desde mi habitación (pàg. 87)
Marta Reina Izquiano
26/03/2026

Ser mujer transexual es mucho más que lo que la sociedad cree. Somos una comunidad invisible en una sociedad cada vez más diversa, pero nosotras, aun estando dentro del colectivo LGTBI, somos una comunidad binaria, pequeña y nos sentimos mujeres desde que empezamos a caminar, nuestra mente femenina lucha día a día contra nuestro sexo biológico que rechazamos a cada minuto que pasa.

Nuestro camino es largo y está lleno de sorpresas, algunas bonitas y otras no tanto, pero seguimos caminando de frente, sin parar, y con la cara bien alta. Muchas de nosotras ya han pasado a otro estatus, y otras están en la planta menos 4 de lo que llamamos sociedad. Otras estamos caminando delante de esa multitud y haciendo ver nuestras deficiencias sobre todo en salud y trabajo.

Sí, en definitiva, nosotras somos aquellas mujeres olvidadas y encarceladas en un cuerpo que no nos corresponde, un cuerpo que hemos de cambiar y que para hacerlo pasaremos unos cuantos años de sufrimiento, de altibajos hormonales, de pasar muy lentamente de hombre a mujer. Pero muchas de nosotras asumimos ese sufrimiento y lo cambiamos por una alegría inmensa, por la euforia con la que cada día nos miramos al espejo y vemos los pequeños cambios que las hormonas femeninas van obrando.

Un año, dos años, tres años y seguimos tomándonos nuestras hormonas y nuestro bloqueador de testosterona. Nos añaden a la odiosa lista de espera para esa vaginoplastia que pondrá punto final a nuestra parte masculina, y comenzaremos una nueva vida, y ese viaje solo tiene billete de ida. La cirugía de reasignación de sexo (CRS) es un camino sin retorno, por eso es muy importante tener muy claro quién eres.

¿Pero realmente conocéis nuestro día a día? Nosotras, como he dicho más arriba, odiamos nuestro sexo, y no concebimos vivir siendo mujeres con un pene. El rechazo y la disforia hacia esa cosa masculina nos hace incluso estar de mal humor muchas veces: en un gimnasio, en la playa, por tratar de vestir cómodamente, o al taparte en una visita médica porque no quieres ni verlo. En definitiva, mientras a unas les encanta tener su pene (transgénero), las mujeres (transexuales) odiamos nuestro pene, y esa es la diferencia.

Al hospital de Bellvitge vienen solo mujeres transexuales, mujeres que deseamos que nos quiten eso para hacernos lo que más deseamos, aunque a algunas transgénero les gusta llamarlo «mutilación genital», a nosotras nos gusta hablar de «mi preciosa vagina, por fin».

¿Pero alguien se ha preguntado por las complicaciones de esta cirugía? Hasta hace unos meses solo un hospital de Barcelona realizaba estas cirugías con pocas garantías funcionales, pero este año el Hospital de Bellvitge y el Hospital Germans Trías de Badalona se sumaron a esta cirugía.

Veréis, mi experiencia fue muy bonita porque me iba a operar en Phuket (Tailandia), justamente el 10 de noviembre de 2019, pero estoy escribiendo estas líneas cuando son las 05:30 del sábado 2 de noviembre de 2019 en la habitación 833 de la plata 8 de urología de este magnífico hospital de Bellvitge.

Yo soy Marta Reina y, aparte de ser la primera Mossa d’Esquadra transexual, soy activista, y este activismo lo he dedicado a uno de los problemas más grandes con los que tenemos que lidiar, la sanidad pública (las cirugías).

Cuando en julio el hospital de Bellvitge se puso en contacto conmigo para una primera visita, me encontré con un equipo médico joven, con ganas de hacer las cosas bien, y con un espíritu de superación. Sus miembros habían estudiado en Bélgica, Lyon y New York, habían conocido técnicas tailandesas y, lo más importante, se veían con ganas de hacerme feliz con aquella culminación.

Para que os hagáis una idea, les hice un interrogatorio a los pobres, pero me convencieron. Salí de esa visita con muchas cosas claras, pero decidí no apresurarme y esperar a investigar un poco más y no rechazar mi cirugía tailandesa. Tengo que decir que me encantó que una mujer como Anna López Ojeda, jefa clínica del hospital de Bellvitge de microcirugía constructiva y coordinadora territorial de cirugía transexual, estuviera al mando de supervisar a los equipos de los tres hospitales. Eso era una súper noticia, e hizo que me replanteara mi cirugía en Tailandia. El equipo disciplinar de los urólogos Begoña Etcheverry, Josep Torremade y el doctor Tarragona era pionero en cirugías CRS.

La siguiente visita fue el 13 de septiembre de 2019. Me atendió el doctor Josep Torremade y me dijo que mi cirugía estaba prevista para el 28 de octubre. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, ya quedaba muy poco, solo un mes para aquella cirugía que tanto deseaba. Cuando salí de allí me encontré esperando a la que hoy es mi compañera de habitación. Una chica a la que conocí en 2016. Ella entraba después de mí y yo tenía que irme, así que como creí que tenía su número, pensé en llamarla después. Pero no lo tenía. Cuando recibí la llamada del hospital para someterme a la cirugía el 14 de octubre me encontraba en Benidorm, era ponente de un congreso de medicina transexual. Cuando descolgué y me dijeron que eran del hospital de Bellvitge, una sonrisa brotó en mi cara. La cirugía era para el 28 de octubre a las 8 de la mañana y me dieron una lista de cosas para hacer y traer.

Cuando colgué volví a entrar en la sala del congreso enormemente contenta.

Nosotras tenemos que dejar el Tratamiento de Reemplazo Hormonal (TRH) dos semanas antes de la cirugía y es muy importante hacerlo debido al posible riesgo de trombosis, o sea, que nuestras subidas y bajadas hormonales son bastante molestas durante ese tiempo.

Cuando llegó el día de la cirugía me fui sola en metro desde Badalona al Hospital de Bellvitge, y por el camino pensé en ese viaje sin retorno que estaba convencidísima de emprender, y me dio por escribir esto, una conversación con ese lado masculino que queda:

Se acerca una nueva vida.

Ya queda poco, y tú por dentro me dices que ya dejaré de existir con esa pequeña parte que nos diferencia biológicamente a los seres humanos.

No es que no te quiera, pero ahora yo tengo los mandos de la nave.

Son muchos años bajo tus sentimientos, es hora de tomar las riendas, de ser yo misma, tú podrás ser observador.

Ahora el sol brilla de otra manera, y tú disfrutas de verlo así.

Con amor, con cariño, con sentido

¿Te das cuenta de que ya no echas de menos tus costumbres masculinas, que ahora tus ojos brillan, que tu mirada transmite paz, que las decisiones, las palabras, las acciones son exteriorizadas con amor y ternura, con sentimientos y emociones que antes ni siquiera sabías que existían?

Te das cuenta de lo bonito que es mirar las cosas con los colores reales, sin que nada los tape.

Mientras tú andabas escondiéndome, yo te hablaba y te decía que estás sufriendo porque no ves lo que yo veo.

Era inútil tu lucha, tus ojos veían una realidad imaginada por ti.

Una realidad donde tú imponías tu hombría para ser lo que no eras. Un día me dijiste: «Sé tú misma, quiero olvidar esta tormenta». Y por fin fuimos una tú y yo, una simbiosis perfecta, una hegemonía donde soy yo la que te guía, la que te habla, la que ama.

Tú, con lágrimas, me dices que ya lo sabes y que es así, que esa simbiosis es lo más bello que has vivido. No se trata de soñar tu vida, se trata de vivir tu sueño. De ir más allá, donde las estrellas hablan, donde la paz se impregna en ti, donde la unidad existe, donde los caminos convergen, donde los sentimientos florecen con olores y colores que desprenden todo aquello que tú soñabas, donde todo es armonía, donde la consciencia habla y tú escuchas lo que susurra en un espacio vacío pero lleno de significado.

Tú solo piensas que se acaba una etapa, un ciclo, pero no es verdad.

Tú vas a vivir algo que solo unas pocas personas en el mundo pueden vivir, vas a vivir la simbiosis, vas a sentir los dos mundos, los dos sexos, las dos vidas. Eso es lo que vas a vivir, y recuerda que ser observador no es inferior a llevar la nave o el rumbo, ser observador es ser partícipe, sentir y amar, revolcarte en un sin fin de sensaciones y experiencias que te llevarán a comprender la vida desde una perspectiva diferente, pero más bella y llena de ese sentido que un hombre jamás podrá experimentar. Tú y yo jamás olvidaremos lo vivido, no te esfuerces en separarte, porque ni siquiera la destrucción de nuestra materia nos separará. Somos una sola pieza en un mundo que a su vez forma parte de un universo, no esperes divorciarte porque es inútil.

Por eso te digo: «Llénate de amor y pon rumbo a una nueva vida, déjate llevar, siéntate en la parte de atrás y deja que estas curvas femeninas te conduzcan, disfruta de tu silencio y viaja conmigo a lo más profundo de la vida».

Ya en el hospital, me asignaron una habitación provisional y subimos. Me acompañaba Dani, con el que había quedado en L’Hospitalet. Es un gran amigo. Después de unos minutos de espera en admisiones, me dieron la habitación, me cambié y un camillero vino a buscarme para bajarme a la planta 2 de quirófanos.

No hay palabras para describir la felicidad que brotaba de mi rostro cuando comenzamos a movernos por los pasillos, para acabar en la zona de preoperatorios. En dicha sala estuve poco tiempo, el justo y necesario para ponerme dos vías y un calmante, y en quince minutos vino de nuevo un camillero que me condujo hacia el quirófano. Cuando entramos en él, un frío se adueñó de mi cuerpo, y en un 3, 2, 1 me cambiaron a una camilla mucho más dura y estrecha. Allí comenzaron a ponerme la anestesia y solo recuerdo a alguien poniéndome una mascarilla y diciéndome «Ahora te dormirás». Yo no estaba nada nerviosa, al contrario, muy tranquila y feliz, así que inicié un feliz camino hacia el sueño de mi vida.

No recuerdo el tiempo que pasó, pero me desperté en el mismo sitio de partida, preoperatorios, y cuando abrí los ojos lo primero que hice fue levantar la sabana y mirarme la entrepierna, una enorme felicidad brillaba en mi ser, ya era libre, ya había culminado mi transición. Sonreí y se acercó una enfermera y le pregunté si todo había acabado, y ella me contesto que sí, que la operación había salido bien. Cuando vi mi monte de venus con esa hondura hacia abajo casi lloro de alegría. Ya relajada, vino a verme la doctora Anna López, y dentro de mi capacidad, un tanto limitada por la anestesia, hablamos un rato corto. Recuerdo que le agradecí el trabajo, más bien la obra de arte.

Subí sobre las 17:30 a la habitación 833 de la planta 8 de Urología, y allí estuve en reposo, inmóvil durante cinco días, con unas fundas en las piernas que se hinchaban y deshinchaban constantemente para que hicieran correr la sangre. El martes 29 subieron a mi compañera de habitación, que ya sabía quién era, y me hizo una enorme ilusión. Tengo que agradecer el detalle de ponernos juntas, solo nosotras sabemos por dónde pasamos y qué es una cirugía, que hoy puedo decir, muy invasiva, por eso es muy importante y terapéutico compartirlo juntas.

Esperamos al viernes 1 para levantarnos, ducharnos y lavarnos el pelo. Después de cinco días sin poder levantarte de la cama, eso es algo maravilloso. Tengo que agradecer a todas las enfermeras y auxiliares de la planta 8, sección 3, su profesionalidad y su simpatía, el trato tan cariñoso y amable que nos han regalado los diez días de ingreso. Ha sido espectacular y sin duda hace que tu estancia sea muy gratificante a pesar de dolor y las molestias que vamos pasando día tras día y de las veces que necesitamos de ellas para que nos ayuden. Por eso desde aquí mando un fuerte abrazo y un enorme beso a todo el personal sanitario que nos ha atendido estos días.

El lunes es el gran día, comenzamos con Meritxell, la enfermera que ha hecho un hueco en su agenda para enseñarnos y ayudarnos con las dilataciones, que nos acompañaran prácticamente toda la vida, una experiencia totalmente nueva y extraña al principio, pero, sin duda alguna, la felicidad que te da lo que siempre has soñado es enorme. El trabajo de Meritxell es súper importante dentro de esta cadena, ya que hacer correctamente esta técnica es lo que diferencia si una vagina es funcional o no.

Todavía no sé el tiempo que me queda aquí, pero sí sé que cada día es un reto para experimentar cosas nuevas, unos días con molestias y otros con un poco de dolor, pero, como digo, gracias al personal sanitario todo es mucho más alegre.

Quiero agradecer de todo corazón a los doctores Anna López, Begoña Etcheverry, Josep Torremade, a Meritxell, la enfermera que nos cuidará por WhatsApp con las dilataciones, y por supuesto a todas y cada una de las enfermeras y enfermeros, auxiliares y resto de personal sanitario, que, día tras día, entraban en la habitación con una sonrisa, con palabras bonitas y cariñosas hacia nosotras.

Sois maravillosas.

Esta narración será también añadida a mi biografía Viviendo sin ti.

Marta Reina Izquiano

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